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Escudo de Montería - Colombia - Sur América Ciudad de Montería - Colombia - Sur América Panorámica del centro de Montería - Colombia - Sur América
Vista del centro de la ciudad de Montería
Foto: Pedroza
 
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Quinta Expedición: San Jerónimo de Buenavista


Pilar Moreno de Angel. Antonio de la Torre y Miranda Viajero y Poblador. Planeta. Santafe de Bogotá. 1993. p.p. 155 - 163:

[Fiel transcripción del capítulo completo. Para una mejor lectura, los pies de página del libro se colocaron enseguida del párrafo correspondiente]

Quinta expedición
39. San Jerónimo de Buenavista (hoy Montería)
1o. de mayo de 1777. Patrón eclesiástico: San Jerónimo, confesor, 30 de septiembre.

En dirección al sur, hacia las cabeceras del río Sinú, existía un sitio llamado Barro Colorado, arriba de la quebrada de Jaraguay (95) donde habitaba un grupo de indios que propusieron, como se ha visto, en 1759, a las autoridades coloniales fundar un pueblo, el cual nunca fue autorizado ni establecido. 13 años más tarde este mismo grupo de indígenas volvió a proponer al gobernador de Cartagena la fundación de otra población diferente, ésta ahora sí para ser localizada en el sitio de "las Monterías que llaman de Buenavista". Este lugar estaba ubicado al sur de San Antonio de Cereté - población fundada en 1721 por tres religiosos jesuitas - sobre la margen izquierda del río Sinú en medio de un extenso y fértil valle bañado por el mismo caudal. En el occidente se yergue una región montañosa conocida como la Serranía de las Palomas, que en su realidad geográfica es una ramificación de la Serranía de Abibe. La región, además, está cruzada por numerosas fuentes de agua.


(95). Se conoce con este nombre la quebrada que corre en las vecindades del municipio de Valencia, departamento de Córdoba, afluente del río Sinú.

Aquí es conveniente revisar la primera propuesta de aquellos indígenas de fundar un pueblo en el sitio de Barro Colorado, que las autoridades virreinales consideraron relacionada con la segunda petición para fundar un pueblo en las "Monterías que llaman de Buenavista". Ventura Molleda, cacique proclamado y electo de los indios gentiles tunucunas del paraje que nombran pueblo o sitio de Beturichí y Jaraguay, en las montañas de tierra firme del río Sinú, envió un documento, que fue presentado en 1759, al mariscal de campo don Diego Tabares, por entonces gobernador de Cartagena de Indias.

El cacique Molleda expresó que había sido bautizado en el pueblo de Cereté y que para salir de la "gentilidad" se proponía establecer un pueblo en el sitio de Barro Colorado, distante dos días de camino de Cereté. Manifestó que los indios que harían tal reducción serían 100 entre hombres, mujeres y muchachos. Añadió que "en el sitio de Barro Colorado hay agua buena, tierras aparentes para labrar o sembrar, rozas, montes, buenas entradas y salidas, ejido de distancia de legua de largo para sus ganados". Para sustentar esta petición de fundación, viajaron cinco indios a Cartagena, quienes permanecieron allí hasta 1761, con lo cual causaron incomodidades a las autoridades de la ciudad. Estas prometieron enviar la autorización necesaria a fin de que los indígenas cumplieran con su deseo de fundar una población en el sitio de Barro Colorado (96).


(96). Archivo Nacíonal de Colombia. Poblaciones varias. Tomo VIII, F. 816 a 855.

Como complemento del documento anteriormente citado, se conserva en el Archivo Nacional de Colombia otro muy interesante, suscrito en 1772 en el pueblo de San Antonio de Cereté y dirigido al gobernador de Cartagena de Indias, don Juan de Torrezar Díaz Pimienta. Se expresa "la bienvenida que sea concedida salud y contento en esta ciudad de Cartagena" (97).


(97). Archivo Nacional de Colombia. Poblaciones varias. Tomo VIII. F. 135 a 184. Debo el conocimiento de este documento a la doctora Adelaida Sourdís de De la Vega, directora de la Biblioteca Bartolomé Calvo de Cartagena, quien suministró muy gentilmente fotocopia del mismo. Mi gratitud va para ella.

En este documento mencionado el indio Sebastián Alequenete, cacique o capitán de Juanchí y Jaraguay, aguas arriba del río Sinú, a la mano izquierda más adelante del pueblo de Cereté "ofrece fundar un pueblo con otros de sus parciales en el paraje de las Monterías que llaman de Buenavista".

Indicó también el cacique Alequenete que "somos muy voluntarios a que vivamos debajo de campana como cristianos". En efecto, en este lugar de las Monterías de Buenavista existía una humilde capilla pajiza, rodeada por grandes cenagales, la cual tenía una campana. Esta ermita había sido construida por el carpintero José Patricio Romero, bajo la dirección del misionero evangelizador don Augusto de Melchor. Alrededor de la iglesita se había ido estableciendo un rancherío famoso por la abundancia de la caza y la pesca. Es evidente que el nombre de Montería le venía al lugar por la gran cantidad de animales para la caza ya que "ir de montería" es ir de caza y montero, es la persona que toma parte en una montería ojeando la caza hacia el sitio en que están los tiradores.

El cacique Alequenete solicitó en su memorial que le fuera enviado un cura fraile dominico "no queriendo clérigos". Escribió que su conquistador fue un fraile dominico. Podría tratarse de don, Augusto de Melchor, el primer sacerdote que fijó su residencia en la localidad y que tan sólo ostentaba el título de "misionero evangelizador", quien permaneció mucho tiempo en la región dedicado por entero a la administración de los santos sacramentos. Un día desapareció misteriosamente sin dejar huella en su paradero. (98).


(98). Jaime Exbrayat T. Historia de Montería. Imprenta Departamental. 1971.Pág. 113.

Sebastián Alequenete advirtió al gobernador: "También participo a Su Excelencia cómo tengo en mis tierras recogidos unas viudas y algunos naturales que se han fugado del pueblo de San Antonio de Sereté y esos no los desamparo hasta ponerlos en mi pueblo bajo de campana como referido llevo a Su Excelencia ni menos se los entrego a sus capitanes ni alcaldes de sus pueblos: la causa es el maltrato de sus oficiales que le cogen a la fuerza, se las entregan a las pobres viudas a los armamenteros y las tienen como esclavas trabajando de día y de noche y les pagan muy mal, no les pagan justamente su trabajo".

El documento del cacique Sebastián Alequenete fue enviado a Cartagena de Indias, llevado por dos indios correos portadores, el principal de los cuales era Francisco Manuel de Molleda. El cacique explicó al gobernador la causa para no presentar su solicitud, ya que no había podido "hallar un lenguaraz para llevar conmigo a esa ciudad por hallarme muy corto en el hablar castellano a lo español. También temerario de que no entienda Su Excelencia el señor Gobernador de que somos del gremio o parcialidad de los Andaríes que dicen hacen daño y me vayan a matar o darnos algún castigo insufrible o prisiones largamente es la mayor causa de no pasar verbal a rendirme a sus pies".

Don Juan de Torrezar Díaz Pimienta, gobernador de Cartagena, ordenó que el indio Alequenete debía presentarse ante las autoridades virreinales de la ciudad. Se explicaba en el documento que "parece no debiere negar al indio suplicante para la fundación que propone en las Monterías de Buenavista". En cuanto a la súplica de que se les enviara para cura un religioso dominico, no veía inconveniente el gobernador para un futuro: "Pero en cuanto que vaya ahora no se debe conceder todavía por estas palabras de la ley. Y aunque parezca que se pacifican y pidan que los Predicadores vayan a su tierra, vea con resguardo y prevención, pidiéndoles a sus hijos para que los enseñen y porque estén como rehenes en la tierra de los amigos, persuadiéndoles que hagan primero iglesia a donde los puedan enseñar y por este medio y otros que parecieren más convenientes, se vayan siempre pacificando y doctrinando los naturales, sin que por ninguna vía ni ocasión puedan recibir daño pues todo lo que deseamos es su bien y conversión".

Por orden del gobernador Díaz Pimienta se estudió cuidadosamente la solicitud del cacique Sebastián Alequenete, al mismo tiempo que se descubrió la anterior petición del cacique Ventura Molleda, fechada en 1759, a la cual se incorporó una hoja que dice: "Los indios de este cuadernito como parece intentaban fundar en el sitio Barro Colorado, son desde luego los mismos que ahora comanda Sebastián Alequenete y aunque nunca tuvo efecto la población que propusieron no puede culpárseles pues según manifiestan no llegaron a librarse los despachos".

Finalmente y para cumplir las solicitudes de los indígenas, don Juan Torrezar Díaz Pimienta, gobernador de Cartagena, comisionó al oficial Antonio de la Torre y Miranda para que se trasladara al lugar donde debería fundar el pueblo, materia del proceso referido.

El congregador Antonio de la Torre y Miranda con su grupo llegó al sitio donde estaba edificado el ranchería de "las Monterías que llaman de Buenavista" al finalizar el mes de abril de 1777. Se percató de que los vecinos habían construido sus viviendas sobre pequeños montículos que sobresalían en un terreno anegadizo y malsano "sufriendo sus habitantes un torbellino de picadas y otras plagas tan perjudiciales como molestas; sin tener otra ocupación en todo el día que la de ahuyentar aquellos insectos" (99). "Para ayudar la comunicación con las provincias de Antioquia y Citará, según don Antonio de la Torre y Miranda, fue construida a la orilla izquierda del Sinú, a unas tres leguas de donde se dividen los caños que forman la isla de Saba, a San Jerónimo de Buenavista con 170 familias que contaban 854 almas".


(99). Antonio de la Torre y Miranda. Noticia Individual. Op. cit. Pág. 609.

En efecto, de la Torre dispuso, el 1 9 de mayo de 1777 trasladar la capilla de las Monterías a un lugar muy seco resguardado de posibles inundaciones y que por consiguiente ofreciera superiores condiciones para la salud de sus moradores. El congregador escribió: "En la banda izquierda fundé el sitio de San Jerónimo de Buenavista trasladando a él las imágenes, campanas y alhajas de la iglesia de la Montería que estaba fundada en terreno anegadizo, y a dos leguas de distancia internada en las ciénagas, le delinié el día 1º de mayo de 77" (100). Ese día trazó las calles de la nueva población y repartió solares a 170 familias integradas por un total de 884 personas.


(100). Carta de don Antonio de la Torre y Miranda al arzobispo-virrey don Antonio Caballero y Góngora sobre el número de poblaciones que fundó desde 1774. Santafé, 18 de mayo de 1784. Archivo General de indias. Sevilla, Sección Santafé. No. 956.

Cristiano practicante, lector del santoral, don Antonio de la Torre y Miranda quiso honrar en este acto de fundación a san Jerónimo (¿347 a 420?), padre y doctor de la Iglesia, escritor y uno de los más elocuentes oradores de su época, quien pasó los últimos años de su vida en la soledad de un monasterio en Belén. El fundador de esta población nunca creyó que el nombre de Montería sería aquel con el cual la población por él fundada se mantendría indicada en la geografía del territorio de la entonces provincia de Cartagena.

Don Antonio de la Torre y Miranda escribió:

"El sitio de San Jerónimo sirve de contención a los naturales del pueblo de Cereté privándoles la frecuente comunicación que antes tenían con los gentiles de Jaraguay donde con ligereza se pasaban. Asimismo éste da paso libre y seguro para poner algunas otras fundaciones hacia las cabeceras del Sinú como en Barro Colorado, Betana, Currayao y en el caño de Jui más arriba del de Jaraguay aproximándose a las provincias de Antioquia y Chocó, por cuyo río se les proporcionaba la mayor ventaja para las conducciones de sus efectos y comunicación a la plaza. Y lo mismo de las Minas de la Soledad en el San Jorge, siendo uno y otro navegables en todos tiempos y en ninguno peligroso por no tener violencia sus corrientes, y algunos meses menos de camino, y sin los contratiempos que se ofrecen en los de Cauca y la Magdalena: por dicho río Sinú bajaron habrá ocho años en ocho o diez días a la Plaza de Cartagena cuatro hombres de la Provincia del Chocó y ahora los exploradores que se mandaron al reconocimiento de aquel camino después de haber avistado algunas poblaciones llegaron al de Lorica en siete días. Desde San Jerónimo se proporcionaban los auxilios internándose por el lado de Jaraguay y Tuariquí a los sitios que se quieran establecer a las orillas del Golfo poniendo otra fundación en las cabeceras del Damaquiel, de manera que cruzando con Fundaciones aquellas Montañas se aumentarán las estancias o haciendas, y varios hatos de ganado, se evitarán los tratos llícitos de la provincia de Antioquia por el Río Guacuba, y se podrán beneficiar infinitas minas de oro, y hacer producir varios frutos a aquellas tierras y gozar de los muchos pastos de que abundan para crías de ganado de todas especies de que se tiene ahora mucha escasez" (101).


(101). Proyecto del capitán Antonio de la Torre y Miranda sobre el establecimiento de cuatro poblaciones desde Lorica hasta el golfo del Darién. 1778. Archivo General de Indias. Sevilla. Sección Santafé. No. 956, carta 104.

En 1783 San Jerónimo de Buenavista fue elevada a parroquia, con derecho a cura. Ese mismo año esta población sufrió un violento ataque por parte de los indios del Darién, reforzados por los del Sinú. El asalto estuvo capitaneado por el zambo Manuel, quien se había radicado en el pueblo, por lo cual conocía bien sus lugares. Los indios bajaron a lo largo del río Naín y se ocultaron en las estribaciones de la Sierra Chiquita. Cuando alcanzaron la iglesia se apoderaron de los vasos sagrados, de las joyas, así como de la imagen de san Jerónimo, la cual posteriormente arrojaron en el remolino de Los Botijos. Luego procedieron a quemar la iglesia y las casas de la población. Los habitantes no tuvieron otro recurso de defensa sino el de ocultarse en los bosques cercanos, hasta cuando llegaron auxilios del Regidor Real de san José de Gaita, don Pedro de Toro (102).


(102). Jaime Exbrayat T. Historia de Montería. Op. cit. Pág. 107.

Don Antonio de la Torre y Miranda hizo referencia directa al asalto e incendio de san Jerónimo en el mismo año en que ocurrieron los hechos. En una carta suscrita por él y dirigida al arzobispo Antonio Caballero y Góngora, implicó directamente de complicidad en el asalto y en la acción incendiaria, al difunto "magnate" y alférez real Hilario Bravo, suegro del sargento mayor José López Durán, "dueño cuasi imaginario de aquellas tierras". También señaló como comprometidos en los hechos criminales a algunos habitantes de Cereté.

El interesante documento en el que el capitán Antonio de la Torre y Miranda explicó el asalto e incendio de San Jerónimo de Buenavista, por parte de los indios darienses auxiliados por los del Sinú e instigados a su parecer por las personas anteriormente citadas, dice así:

"En las oposiciones que llevo dichas hubo para el establecimiento de las poblaciones, tuvo la mayor parte la desgraciada de San Jerónimo de Buenavista porque los párrocos que tenían parte en aquellos montes de donde se sacaron las familias para su fundación eran además del que les quedó administrando, los del pueblo de Cereté y del sitio de Lorica que aunque miraban imposible su asistencia al precepto anual y mucho más para pasar a administrarles los Santos Sacramentos, sus enfermedades como siempre les rendían sus derechos, blasonaban de más entendida jurisdicción, pero el que lo hizo con más esfuerzo fue el difunto Alférez Real que llevo expresado, y sus herederos, en que está comprendido su yerno dicho Sargento Mayor de Milicias por dueño cuasi imaginario de aquellas tierras que aun después de fundada la población tiraron a demolerla o hacer a sus vecinos tributarios de los intereses que imaginaban perdidos en unas tierras en donde no tenían hato, estancia, ni fundación con que hacerlas fructificar y sólo a la contingencia de tal cual labranza de algún arrochelado y alguna vez que apartaban, cuyo premio cobraría arbitrariamente pero siempre de poco producto, sin quererlas vender al vecindario ni prudentemente usufructuarlas.

Para el establecimiento de dicho vecindario que está a la izquierda del Sinú y no a la derecha de la derecha de la parte de los indios como dice uno de los oficios, se llevó el objeto además de las muchas utilidades para las labranzas, crías de ganados, producciones de aquellos montes y también la de contener y tener reducidos en sus límites a los gentiles del Darién, extendiendo la dominación de aquel vecindario para entrar cultivando las tierras altas, avanzando las labranzas para beneficio de aquel partido y de la capital y asegurar los cortes de maderas que por estar ya bastante retirados a causa de la continuación de sacas de lo mucho que ha producido para sus otras, para las de Cartagena y otras muchas porciones remitidas a España, como también para impedir la comunicación de los indios de Cereté con los del Tuaraguay, Tuariquí, Caimán y demás sitios de aquella parte del golfo; los muchos aumentos que han conseguido los vecinos de dicha población de San Jerónimo les ha traído bastante emulación de los de Lorica, envidiosos del bien ajeno y aunque puesta en aquel paraje jamás hubo el más mínimo recelo de que padeciesen el insulto que ahora se ha experimentado, ni a ninguno de los de aquel partido ni fuera de él le pasó por el pensamiento antes ni después de establecida, el que pudiera ocurrir por estar aún muy distantes los gentiles de aquel paraje; y si esta presunción se tuvo de la población de San Bernardo Abad, que es la más próxima a las bocas del Río Sinú por haber sucedido allí algunas desgracias ejecutadas por los indios y zambos del Sinú en los años anteriores, la que se desvaneció con el mero hecho de destacar en aquel sitio un cabo y dos soldados veteranos y después con un solo sargento de milicias porque a causa de la guerra se retiró el destacamento, quedando tan sosegados como si tuvieran un batallón de tropa.

Desde que Vuestra Excelencia se dignó comunicarme la noticia del atentado que hicieron los gentiles del Darién en la desgraciada población de San Jerónimo de Buenavista y mortandad que experimentó su vecindario, hice presente a Vuestra Excelencia que de no haber nación extranjera entre ellos, harán los vecinos del Río del Sinú cómplices de semejante maldad; esto se acredita por el propio expediente que se me ha pasado de orden de Vuestra Excelencia para que informe, pues en la carta en que da parte don Antonio Segundo al gobemador de Cartagena en 15 de septiembre de 83, consta que prendió como cómplices en aquel atentado a Francisco Plata y Julián Viga, indios del pueblo de Cereté; y en otra con fecha de 25 de dicho mes da parte se aprehendieron a Cristóbal Valenzuela, Manuel Valenzuela, Francisco Pizano, Marcos Pila, Juan Viga y Joaquín Viga, todos indios del mismo pueblo y a Toribio Oyola zambo libre, que aunque no dice el vecindario me presumo será de Lorica, los que dice entregó al Alcalde Ordinario con los oficios correspondientes; yo dudo se verifiquen los cómplices que ocasionaron este atentado habiendo de ser los jueces para esas informaciones el Alcalde Ordinario o el Sargento Mayor de Milicias don José López Durán y otro cualesquiera del Río del Sinú, porque sé muy bien el método que tienen de manejarse y que jamás se ha experimentado castigo por delitos que se hayan cometido en su representación. Se queja don Antonio Segundo, después de tener presos dos indios de Cereté por cómplices en ese delito, no les habían tomado declaración alguna, por lo que él pasó a tomarles una razón del hecho y en la carta de remesa lo hace con estas voces: Ya porque se hace muy poco caso de la justicia y ya porque de todo se disimula mucho se supone y nada se hace. Que es lo mismo que yo he experimentado. El Sargento Mayor cuando no tenga alguna conexión para este hecho la tiene por parentesco con los que lo puedan haber fomentado o dado ocasión para ello, pues el enlace de la familia de su mujer se extiende a la de todos o los más que hasta ahora han predominado aquel partido"(103).


(103). Carta de don Antonio de la Torre y Miranda al arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, en que se refiere a sus méritos e informa sobre el proyecto general de reducción de los indios del Darién. Año 1783. Archivo General de Indias. Sevilla. Sección Santafé. No. 956.

Luego de ocurrido el incendio y destrucción de San Jerónimo de Buenavista, sus antiguos habitantes decidieron trasladarse al mismo sitio donde inicialmente se había levantado el ranchería original.

Don Antonio de Alcedo y Bejarano en su notable Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales o de América (1 786 a 1789) señala lo siguiente:

"(... ) BUENAVISTA (SAN JERONIMO). Pueblo de la Provincia y gobierno de Cartagena, en el partido de Tolú, fundada en el año de 1776 por el gobernador don Juan Pimienta, a la orilla del río de la Magdalena, 4 leguas de la villa María( ... ) (104).


(104). José Manuel Pérez Ayala. Fundación de Montería. Boletín de Historia y Antigüedades. Tomo LVII, Nos. 672, 673, 674. Bogotá, octubre, noviembre y diciembre de 1970. Pág. 692.

Luis Striffler, quien llegó a la población en 1844, anotó:

"De Cereté nos trasladamos a Montería, último punto habitado. Este pueblo igualmente abrigado por una albarrada artificial, presenta una vista más pintoresca que los demás pueblos de la costa, que en general no se revelan al viajero más que por una aglomeración confusa de techos pajizos en que ninguna verdura alegra la pinta blanquizca o cenizosa. En Montería, a lo menos, cada cosa se encuentra colocada a la sombra de un bosque de naranjos. Existen tantos de éstos últimos, que las frutas de ellos sólo abastecen el mercado de Cartagena. En el tiempo de la cosecha se ven grandes embarcaciones cargadas solamente de naranjas que llegan al Zapote para de allí ponerse a la vela y seguir la costa hasta Cartagena. Y muchas veces resulta también que dichas embarcaciones, detenidas muchos días por los vientos contrarios, se ven en la necesidad de echar al agua su carga, que se ha podrido por causa de la demora, y volverse vacías a procurar compensar la pérdida con un nuevo cargamento" (105).

Actualmente Montería es la capital del departamento de Córdoba y es una floreciente población localizada a orillas del río Sinú.


(105). Luis Striffler. El Alto Sinú. Tipografía de Antonio Araújo L. Cartagena, 1875.
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